8/1/15

Extraños Acontecimientos - PARTE I

Extraños Acontecimientos
PARTE I


· 12 de julio ·

    Inclino la taza y apoyo el borde inferior entre mis labios entreabiertos, el café se desliza hacia mi boca, ¡está hirviendo! Es reconfortante sentir el liquido caliente devolviéndole un poco de calidez a mi cuerpo helado. A medida que empiezo a sentir nuevamente mis extremidades, me envuelvo más y más con el acolchado de plumas que pasó de generación en generación por las manos de toda mi familia, dejando que me abrace como una mañana de primavera. Y así, agotado y con el cuerpo entumecido, espero a que llegue la noche para dejarme vencer por el sueño y el cansancio.


· 13 de julio ·

    Abro los ojos lentamente, y apenas el primer rayo de luz me llega, los cierro nuevamente, apretando con fuerza para impedir que la claridad intensa me afecte. El dolor de cabeza es penetrante, y siento que es difícil respirar. Es evidente que el frío punzante hizo su trabajo en mi cuerpo a lo largo de la noche. Pienso en seguir durmiendo un rato mas, al menos hasta que la migraña disminuya, pero sé que es mejor enfrentar la situación de inmediato.
    Me levanto del sillón con esfuerzo, dejando que el acolchado caiga a mis pies, dejando mi cuerpo completamente desnudo. El aire no está tan frío, así que camino lentamente hacia el baño, intentando no chocarme con ningún mueble, lo cual se vuelve una odisea con los ojos apenas abiertos. Finalmente logro llegar y me introduzco con cuidado en la bañera. Abro el grifo, dejando que el agua caliente se deslice por mi cuerpo, y me dejo llevar por su caricia terapéutica, la cual parece tener el poder de calmar mi dolor de cabeza. Deposito una buena cantidad de gel en mi mano, y lo desparramo por mi piel frotando de forma circular, relajando mis músculos contracturados por las temperaturas que sufrieron ayer. La ducha fue, después de todo, una buena idea.
    Luego del baño, y ya mas reconfortado, me visto con unos pantalones negros de algodón, una camiseta de mangas largas, y una camisa azul. Recojo el acolchado y la taza del piso del living, pongo en orden todo lo que me permite mi malestar, y finalmente preparo una buena jarra de café cargado. Sé que la mañana va a ser difícil, así que intento no pensar en el resto del día y, estratégicamente, hago las cosas una a una sin pensar en la siguiente. Trato de evitar a toda costa hacer lo que sé bien que no debo demorar, pero tengo miedo...
    Luego de tres tazas de café, un analgésico, y lavarme la cara dos veces, me siento frente al escritorio de mi despacho y acaricio mi rostro barbudo mientras el monitor de la computadora cobra vida. Automáticamente aparece el texto dónde lo dejé ayer. Vacío. Sé que ahora va a comenzar lo difícil, pero no hay marcha atrás. Cierro mis ojos, e intento recordar: flashes de escenas entrecortadas se agolpan en mi mente, mezclándose entre ellas, y confundiéndome aun mas. Cuanto mayor es mi esfuerzo por distinguirlas y ordenarlas, menor es la coherencia que cobran. Abro los ojos, entiendo que así no va a funcionar, no voy a poder entender qué fue lo que pasó ayer. Pienso y pienso, ¿qué puedo hacer para que fluyan los recuerdos de manera ordenada? Evidentemente, no va a ser algo que haga de manera rápida y sencilla. Inspiro profundamente, y me armo de paciencia.
    Para cuando miro el reloj del monitor son las 12:00, ¡estuve dos horas mirando un texto inexistente, con la mente completamente en blanco! Estoy agotado, tanto mi cabeza como mi cuerpo luchan contra la confusión, los recuerdos turbios, y el malestar. Hasta que no me recupere no voy a poder hacer esto que debo hacer con urgencia. Será mejor que desista, al menos por ahora...



· 16 de julio ·

    Ya pasaron tres jornadas desde que me desperté con aquel malestar al día siguiente de aquel extraño episodio. Me siento mejor: las migrañas vuelven cada día, pero son más débiles a cada aparición. Por otro lado, mi malestar general, producto del frío inhumano al que se sometió mi cuerpo, ya casi desaparece por completo. Pero estoy preocupado, la reserva de gas empieza a agotarse. Si bien mantengo la cabaña caliente a fuerza de mantener la chimenea siempre con leños ardiendo, y cocino en el microondas con la electricidad que me provee el generador, necesito el gas para calentar agua para poder bañarme. Pronto voy a tener que ir al pueblo a abastecerme, y no quiero irme sin antes poder aclarar qué fue lo que pasó ese día. Temo que si no lo hago pronto, ya no pueda hacerlo.
    Mañana es el día. Mañana debo hacerlo...

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