19/1/15

Extraños Acontecimientos - PARTE IV

Extraños Acontecimientos
PARTE IV


· 17 de julio (Continuación) ·

    Los primeros días de mi estancia transcurrieron monótonos, y serenos mientras yo intentaba despejar mi mente del dolor que la acechaba. Trataba de no pensar en mis padres, pero veía en cada esquina el recuerdo de cada verano con ellos en la cabaña. Era tortuoso, y el estar incomunicado del resto del mundo, parecía empeorar mi tristeza.
    El cuarto día decidí empezar a escribir una novela, seguro de que eso me ayudaría a distraerme. Temprano, me dirigí al despacho que antes fuera de mi padre (pero el cual me había servido muchas veces para mis propósitos profesionales en épocas de sequía creativa), prendí la computadora, creé un documento de texto... Y eso fue lo único que creé ese día. Por mucho que me esforcé, una y otra vez borraba lo que escribía.
    Al mediodía estaba hambriento, frustrado y triste. Mientras preparaba el almuerzo, pensaba sobre qué podría escribir. Fue cuando recordé mi episodio del bosque y tuve la genial idea de escribirlo. Pero, para no pasar de nuevo por el calvario de "escribir-borrar, escribir-borrar" que tanto odiaba, y para salir un poco de aquellas paredes impregnadas de angustia, me propuse visitar el lugar al día siguiente. Y así fue...
    Al día siguiente, el 12 de julio, preparé temprano un bolso con un cuaderno y una pluma, algo de agua y comida, y un brújula (una nueva, ya que la original de la historia fue confiscada por mi padre junto con mi idea de que aquello fue real), y cuando el sol estuvo en lo mas alto del cielo, salí en la dirección que conocía de memoria, a pesar de haberla pisado tan solo una vez. Caminé lento, concentrándome en recordar cada detalle de mi aventura juvenil, en el afán de no pensar en otras cosas. Apenas veía algo que podía servirme, me detenía y lo anotaba, con la intención de que fuera un adorno para mi posterior relato. De a poco fui recordando cada detalle que había olvidado con los años, y el paisaje me confirmaba cada imagen que mi mente presentía antes de llegar: incluso cuando llegué a la arboleda.
    En ese punto ya estaba algo cansado, la verdad es que a pesar de mi físico privilegiado y mi cuerpo atlético, soy bastante sedentario, y aquél día noté mi falta de energía. Así que me senté frente al cinturón de pinos, comí algo para recuperarme de la caminata, y leí lo que llevaba escrito, agregando uno que otro dato de vez en cuando, confeccionando una lista de detalles bastantes puntuales. No se cómo pero, a pesar del frío aire de invierno, el sol calentaba mi cuerpo de una manera muy agradable y, ahí echado, pronto me quede dormido.
    Desperté por el graznido de unos pájaros que pasaron cerca. Todavía sin despabilarme, y busqué en el bolso mi celular para comprobar la hora (celular que había dejado en la cabaña ya que no había cobertura en 100 Km a la redonda), y mi manó golpeó mi moderna brújula, haciendo que se deslice hacia afuera y quede completamente frente a mis ojos. Al principio creí que no veía bien porque seguía adormecido, pero luego de frotarme los ojos y mojarme un poco la cara, entendí que no era así, que veía bien. Las agujas de mi nueva brújula giraban locas, tal como lo habían hecho las de su antecesora. Me quedé atónito.
    No había motivo para alarmarme, me dije. Tal vez en esa zona tuviera alguna irregularidad electromagnética, o tal vez tuviera propiedades que me estuvieran volviendo loco. Cómo fuera, ya estaba ahí, y era tonto volver. Así que guardé todo en el bolso, y penetré con cuidado la espesura de ese misterioso bosque. Parecía mas enredado que en mi infancia, o yo menos ágil, así que tardé bastante en llegar al claro, pero llegué: se veía exactamente igual que antaño.
    Al estar ahí, una sensación de inquietud me invadió. Era tenue, pero constante, y me apresuré a alejarla haciendo nuevas anotaciones sobre aquel sitio, y sobre nuevos recuerdos que acudieron a mi mente. Funcionó, o eso quise creer, hasta que me acerqué al borde del pozo con la intención de asomarme a ver su interior y un alarmante espanto me invadió. Pero no tuve tiempo para analizarlo, ya que una mano salió del agua, me tomó por el cuello del abrigo y, pese a mis intentos por aferrarme a la pared del estanque, me sumergió por completo en las heladas aguas. Entré en pánico, mis pulmones se llenaban de agua y cada vez la oscuridad era mas densa...
    Eso es todo lo que recuerdo. Tengo imágenes mezcladas y confusas: fragmentos de lucha bajo el agua, de arañazos y ramas golpeándome en la arboleda, y nada mas. El siguiente recuerdo seguro es estar en la cabaña, quitándome la ropa empapada y helada, y quedándome dormido envuelto en el acolchado familiar.

    Eso es todo. Ahora se que aquel episodio de mi infancia no fue un sueño, no fue producto de mi mente afiebrada, ni una alucinación. Los extraños acontecimientos de ese entonces, y los de ahora, fueron muy reales, tanto como mi propia vida.
    Miró la taza de café, habré pasado cerca de una hora recordando todo, estoy seguro de eso porque mi amada bebida yo no produce ese vapor que siempre me dio la sensación de calidez aun antes de beberlo. Ahora estoy menos nervioso, y mas decidido. Ahora es el momento. Ahora entiendo que recordar qué pasó ese día no importa. Recordar no importa... ¡Importa entender! Necesito saber que es ese lugar, y que horrores lo habitan...

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