7/1/15

Un amor inmortal

Un amor inmortal

En una época estuve muy enamorada. Era joven, y mi corta edad no me permitió entender que yo lo amaba, pero él no a mí. La relación no prosperó y se la llevó el viento como se lleva a las hojas en el otoño. Quedé desolada, pero al dolor le siguió la resignación, y a ésta, el olvido.
Con el tiempo él volvió, convencido de que me amaba y de que debíamos estar juntos. Pero yo no quería volver a sufrir, así que a pesar de sus súplicas me despedí de él y ya no volví a verlo.
Los años pasaron. Yo seguí con mi vida, y supuse que él con la suya. Pero hace tan solo unos meses supe que no fue así...
Todo comenzó con un sueño. Estaba acostada en mi habitación cuando él apareció, se sentó en el borde de mi cama, y me habló. Su piel se veía pálida, sus ojos vidriosos, y su voz se oía triste y lejana. Dijo que había intentado olvidarme, y no lo había logrado, que aun me amaba. Desperté sintiéndome extraña al  recordarlo luego de tantos años, y perturbada por su imagen tan... Diferente.
La situación se desarrolló en mi mente todo el día. Intenté alejarla, pero fracasé. Para el atardecer me decidí a hablarle. Llamé a su casa, hablé con su padre, y entonces lo supe: él se había quitado la vida la semana anterior.
El resto del día transcurrió con lentitud y pesadez. Triste y estupefacta, afectada por la muerte de mi primer amor, me tumbé presa del cansancio al caer la noche. Nuevamente él apareció: más pálido, ceniciento y apagado, como si su estampa estuviese desapareciendo. Volvió a repetir su discurso con pesar, pero al final en sus ojos brilló una luz de esperanza, en sus labios se dibujó una sonrisa, y afirmó con entusiasmo que aun podíamos estar juntos. Tomó mi mano entre las suyas, y lo entendí: no era un sueño. Estaba helado, el solo contacto con su piel invernal me aterró. Y cuando quise gritar, él posó sus labios gélidos sobre los míos, impidiéndome producir cualquier sonido, e incluso respirar. Podía sentir su intento desesperado de llevarme con él. Y así transcurrieron unos segundos lúgubres y llenos de espanto, hasta que la luz de la mañana entró por la ventana, y él se desvaneció dejándome sola y con el espíritu horrorizado.
Fue su fantasma el qué me había visitado esas dos noches, ¡no habían sido pesadillas! No podía sacarlo de mi mente atormentada, y solo rogaba que no llegara la noche. Pero llegó, y a esa la sucedió otra, y a esa otra, una nueva. Y en cada una de ellas, él se presentó. Su apariencia fue desvaneciéndose a cada visita, hasta que solo pude sentir su presencia y oír su voz. A medida que su imagen se extinguió, creció mi terror, mi angustia, mi miedo. Su insistencia de estar juntos, se volvió exigencia. Y su beso espectral se prolongó cada vez más, al punto de hacerme perder la conciencia.
Escribo esto porque sé que no va a dejar de visitarme, sé que la conciencia va a abandonarme definitivamente, o va a hacerlo la cordura. Quiero que esto sea testimonio del porqué de mi penoso destino: mi amante fantasmal me visita en las noches para darme su beso mortal y llevarme al único lugar en el que podremos volver a estar juntos al fin.





16 comentarios:

  1. Romántico, me gustó muchísimo pero entiendo que a la protagonista no. Tiene que ser algo absorbente el tipo este. Bienvenida a El Círculo de Escritores y un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias, Ana Lía! Es un placer poder participar. Un abrazo.

      Eliminar
  2. De esos amores no valorados. Bien lo dice el dicho, no se sabe valorar hasta que no se le tiene. Una vez valorado pasa a ser necesario y se descubre que la única manera de 'volver' es desde la muerte.
    Me gustó ZOAN, un abrazo :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy acertada tu conclusión, el amor no se valora hasta que se pierde. Muchas gracias por tu comentario, ¡me alegra que te gustara! Un abrazo grande.

      Eliminar
  3. Saludos, muy bueno, interesante y romántico tu relato Zoan, el amor les fue difícil cuando los dos estaban vivos, así que entre vivo y muerto no les debe ser nada fácil, qué angustia la de ella!. Éxitos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias, Mery! Los amores mas fuertes son los imposibles. ¡Que tengas un lindo día! Un abrazo.

      Eliminar
  4. Nunca sabemos las sorpresas que nos puede dar la vida. La pobre no tiene escapatoria!
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy de acuerdo con vos, Paola, ¡y eso es lo interesante de la vida! Si fuera predecible, se volvería monótona y sin sentido. ¡Gracias por tu comentario! Un abrazo.

      Eliminar
  5. Una narración impecable. Me gustó mucho lo de que el fantasma se desvaneciera, y que cada vez veía menos la protagonista. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Que halago, Ricardo! Muchas gracias. Creo que le tememos mas a lo que no podemos ver, es parte de la condición humana. ¡Un abrazo!

      Eliminar
  6. Antonella es un muy buen relato que mezcla un amor trunco por las circunstancias y el terror de la protagonista al recibir a ese fantasma que quiere llevársela consigo. Me ha encantado niña.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Jorge. Como siempre, tus comentarios son un halago muy bien recibido. ¡Un abrazo!

      Eliminar
  7. Existe el amor eterno! Quizá no sea tan bonito como en las canciones pero existe. Estupendo relato que transmite la angustia de ella. Muy bueno! ¿El dibujo es tuyo? También me gustó. Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que el amor siempre es eterno, aunque solo permanezca en los recuerdos. Si, el dibujo es mío. ¡Muchas gracias, Miguel Ángel! Un abrazo.

      Eliminar
  8. Hola Zoan.
    Muy bueno tu cuento.
    Aterrador tener noches así.
    Me ha encantado.
    Precioso blog, bello post y hermoso dibujo.
    Un gran abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Lucia! Muchas gracias, es todo un halago saber que te encantó! Un abrazo muy grande! :)

      Eliminar